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Evo Morales cierra a la fuerza una etapa histórica en Bolivia

BOLIVIA EVO MORALES | 10 de noviembre de 2019

La Paz, 10 nov (EFE).- Evo Morales, uno de los pocos presidentes indígenas en la historia de América Latina, cerró este domingo una etapa histórica en Bolivia, con sus luces y sombras, al renunciar al poder forzado por la peor crisis en sus casi 14 años de mandato.

La renuncia del presidente con más tiempo en el poder en la historia del país dio paso primero a la euforia de quienes esperaban desde hacía años este momento.

Pero luego sumió a Bolivia en una ola de vandalismo en medio de un vacío de poder, en el que las únicas autoridades que parecen haber quedado son policías y militares.

LA RENUNCIA DE UN LÍDER HISTÓRICO

Morales había asumido a primera hora del día que iría a unas nuevas elecciones, pese a insistir en la legitimidad de su triunfo en los comicios del pasado 20 de octubre para un cuarto mandato consecutivo hasta 2025.

De madrugada, la Organización de Estados Americanos (OEA) había difundido un informe instando a repetir la cita en las urnas, por graves irregularidades en un proceso llevado por un órgano electoral sin credibilidad.

El todavía presidente lo hacía para "pacificar" el país, inmerso desde el día después de las votaciones en una crisis social y política al desencadenarse las denuncias de fraude a su favor en el recuento de votos.

Una convulsión social que deja al menos tres muertos y más de cuatrocientos heridos en enfrentamientos entre quienes le defienden aún incondicionalmente y quienes temían que se perpetuara en el poder convirtiendo a Bolivia en una especie de Venezuela.

El anuncio de nuevas elecciones no sirvió a la oposición, que solo veía como salida a la crisis su renuncia al poder, la tensión aumentaba en el país y su Gobierno se iba desmoronando con dimisiones en cascada.

A media tarde Morales aparecía en televisión desde algún lugar sin determinar, entre el temor de que hubiera huido del país, para pronunciar su discurso de despedida.

LAS PALABRAS DEL ADIÓS

El discurso del adiós repasó los logros de su etapa al frente de Bolivia, en la que el país pasó de ser identificado por su pobreza a convertirse en la economía de toda Sudamérica que más creció de manera sostenida.

Una era que cerraba obligado por un "golpe de Estado" consumado por los opositores Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho, como venía alertando desde que empezaron a acusarle de fraude y a movilizarse para forzar su renuncia.

"No tengo por qué escapar", porque "no he robado nada", declaró Morales, esperanzado en que puede ser solo un hasta luego porque "la lucha no termina acá".

El que hasta ahora era uno de los últimos supervivientes del socialismo del siglo XXI dijo que se despedía para dar paso a la paz en su país, pero tras la celebración inicial que tanto ansiaban sus detractores, lo que se desató fue el caos.

EL CAOS TRAS LA DESPEDIDA

Saqueos, incendios, ataques a casas de opositores y oficialistas, incluida una del propio Morales en la ciudad de Cochabamba, dejaron una noche de auténtico pavor para muchos bolivianos que clamaban ayuda a la Policía y las Fuerzas Armadas, las únicas autoridades que parecen haber quedado en el país.

La Policía desmentía que hubiera una orden para detener al mandatario saliente en el Chapare, la zona cocalera de Bolivia que le catapultó al poder en 2006 por su lucha como sindicalista y en la que se supone que se ha refugiado.

Un caos ante el que los mandos policiales y militares llamaban a los bolivianos a mantener la calma, garantes del orden constitucional.

Pero la sensación es de vacío de poder, al haber renunciado quienes podían suceder al presidente, como son el vicepresidente y los jefes de las cámaras de Senadores y de Diputados, hasta el punto de plantearse que incluso pueda asumir provisionalmente la jefatura de Estado alguna parlamentaria opositora.

Bolivia no se encontraba en esta incertidumbre desde 2005, cuando precisamente fue el entonces presidente Carlos Mesa el que renunció asediado por una grave convulsión social.

Una solución podría ser un comisión mixta de ambas cámaras que, de emergencia,,estudie qué hacer ahora, explicó a Efe el abogado constitucionalista Gonzalo Hidalgo.

LA INCERTIDUMBRE DESPUÉS DE MORALES

Bolivia inicia ahora la etapa después de este ciclo histórico del líder indígena Evo Morales, que durante estos "trece años, nueve meses y 18 días", que contó detalladamente en su despedida, fue capaz de asombrar a muchos en todo el mundo y a la vez de despertar los miedos de otros por su populismo.

Mesa quedó segundo en unas elecciones de las que ya no queda duda que fueron fraudulentas: la presidenta del órgano electoral, María Eugenia Choque, ha terminado detenida.

Pero el expresidente ha ido perdiendo protagonismo a favor de Camacho, líder del comité cívico de Santa Cruz, la mayor región y más pujante de Bolivia, que ha acudido a La Paz con una aureola de salvador.

Evo Morales tuvo la oportunidad de dejar el poder por todo lo alto, pero se vio forzado a renunciar en su intento de seguir llevando a Bolivia por su histórico proceso de cambio, en un momento convulso en buena parte de América Latina.

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Morales, que llegó a la Presidencia con el respaldo de sectores sociales históricamente marginados, empezó a sufrir un desgaste que se acentuó tras el referendo del 21 de febrero de 2016, en el que un 51,3 % de los bolivianos rechazó que se saltara la Constitución para que se pudiera presentar a las elecciones de 2019.

Pero Morales no escuchó ese resultado y aunque el Tribunal Constitucional avaló su candidatura para las elecciones del pasado 20 de octubre, fueron "la estocada final".

Ese proceso fue cuestionado por la oposición y la comunidad internacional y finalmente este mismo domingo la Organización de Estados Americanos (OEA) confirmó en un informe que detectó irregularidades "muy graves", como manipulación en el sistema informático de transmisión y cómputo de resultados, y pidió nuevos comicios.

El DESGASTE

Para las elecciones del 20 de octubre, las encuestas lo dejaban lejos del 64,22 % con el que fue reelegido por primera vez en 2009.

El líder del Movimiento al Socialismo (MAS), que el 26 de octubre cumplió 60 años, buscó contra viento y marea terminar el plan que diseñó para su país, la agenda patriótica 2020-2025.

El sindicalista cocalero que en 2006 se convirtió en el primer presidente indígena salido de las urnas en el país, uno de los pocos en la historia en América, siempre defendió su anhelo de extender su proceso de cambio hasta 2025, año del bicentenario de la Independencia de Bolivia.

DE LÍDER SINDICAL A LA PRESIDENCIA MÁS LARGA DE BOLIVIA

Morales nació en una comunidad andina en el seno de una humilde familia campesina aimara y solo terminó el bachillerato, pero en "la escuela de la vida" de joven aprendió oficios desde pastor de llamas a panadero, albañil y trompetista.

Luego migró al Chapare, una zona cocalera en el departamento de Cochabamba, donde ascendió hasta líder sindical, lo que le catapultó a la silla presidencial en 2006 por primera vez.

En su despedida este domingo, prometió que volverá al Chapare, frente al temor de que huirá del país.

Su llegada al poder fue encumbrada por movimientos sociales, deslumbró a muchos más allá de América Latina, a la vez que desencadenó los recelos de otros con decisiones como la nacionalización de recursos naturales como el gas, enfrentándose a multinacionales con las que luego en cambio firmó grandes contratos.

Morales, uno de los pocos defensores que quedaban del socialismo del siglo XXI en Latinoamérica, en estos años de Gobierno siempre se jactó de la estabilidad económica del país y de mantener a Bolivia con uno de los crecimientos más altos y sostenidos en América, de más del 4 % durante varios años, como recordó en su despedida.

Pero la bonanza económica o la reducción del 38,5 al 15,2 % de la pobreza extrema en este periodo o el crecimiento del PIB per cápita de 961 a 2.392 dólares, no le garantizaron ahora su permanencia en el poder para un cuarto mandato.

LAS CONTRADICCIONES DEL PRIMER PRESIDENTE INDÍGENA

Los años han mostrado contradicciones entre su hablar y su actuar, sobre todo en el cuidado del medioambiente o en su condición indígena, lo que ha desgastado su imagen.

Un Evo Morales que iba a organismos internacionales a hablar sobre la Pachamana, la Madre Tierra, y los pueblos indígenas.

Y otro que gobernó Bolivia aprobando decretos que autorizaban quemas controladas, propiciando grandes incendios, incluso, en espacios naturales.

Sin temor a plantar cara a EE.UU., expulsando a su embajador, a la DEA y a Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, en inglés), al inicio de su Gobierno, o de llevar, sin éxito, a Chile ante el Tribunal de La Haya en el eterno conflicto por una salida al mar, años después se le reprochó el vender su país a multinacionales de China o por mantener aliados como el mandatario venezolano, Nicolás Maduro.

LA CUESTIONADA CUARTA CANDIDATURA

A pesar de que hace cinco años él mismo dijera que al terminar esta gestión le gustaría retirarse, encontró la manera para presentarse de nuevo a estas elecciones, de forma muy cuestionada en Bolivia y por una parte de la comunidad internacional.

Logró una sentencia a su favor del Tribunal Constitucional en 2017 y con base en ella la habilitación del órgano electoral en 2018, aunque los bolivianos le habían dicho que no en el referendo de 2016.

El temor a que se perpetuara en el poder caló entre una parte de la sociedad boliviana tras las elecciones del 20 de octubre, que salió a las calles clamando que hubo fraude electoral, con episodios violentos que dejaron tres muertos y más de cuatrocientos heridos.

EL ADIÓS DE EVO MORALES

La OEA emitió este 10 de noviembre un informe pidiendo nuevas elecciones por no ser fiables las del 20 de noviembre y Evo Morales aceptó ir de nuevo a las urnas, pero su Gobierno se fue desmoronando hasta que apareció en televisión para anunciar que renunciaba por el bien de un país, inmerso en la peor crisis de su mandato.

"Muchas gracias por acompañarnos", exclamó en su adiós tras "trece años, nueve meses y 18 días" en el poder desde que tomó posesión el 22 de enero de 2006, pero advirtiendo de que "la lucha no termina acá".

Laura Núñez Marín

USA News