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El expresidente Lula, en libertad 580 días después de entrar en prisión

BRASIL JUSTICIA | 08 de noviembre de 2019

Sao Paulo, 8 nov (EFE).- El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) dejó este viernes la cárcel tras pasar 580 días preso y ahora, beneficiado por una decisión del Tribunal Supremo, recurrirá en libertad una condena a 8 años y 10 meses por corrupción pasiva y blanqueo de dinero.

Eran las 17.41 hora local cuando el carismático líder del Partido de los Trabajadores (PT) abandonó la sede de la Policía Federal de Curitiba, capital del estado de Paraná (sur) y se echó en brazos de los familiares, simpatizantes y correligionarios que le esperaban a sus puertas.

Al grito "¡Lula libre!¡Lula libre!", el exjefe de Estado, de 74 años, quedó en libertad tras verse beneficiado por una ajustada decisión tomada en la víspera por el Tribunal Supremo de Brasil, que declaró inconstitucional la prisión de una persona condenada antes de que se agoten todos los recursos en la Justicia.

Sus primeras palabras al salir del presidio fueron para agradecer el apoyo de los militantes que durante 1 año y 7 meses acamparon a las puertas de la Policía Federal en señal de solidaridad.

Además, aprovechó para criticar duramente a los integrantes de la Lava Jato, la mayor operación contra la corrupción en la historia de Brasil.

"Necesitaba resistir para luchar contra el lado podrido del Estado, de la Policía Federal, del Ministerio Público, de la Justicia. Trabajaron para criminalizar a la izquierda, a Lula y al Partido de los Trabajadores", dijo un emocionado Lula en las inmediaciones de las instalaciones en las que ha estado encarcelado.

También atacó a Sergio Moro, el juez que lo condenó en primera instancia y que actualmente es ministro de Justicia en el Gobierno del presidente Jair Bolsonaro, principal detractor político de Lula.

"Salgo de aquí con un gran sentimiento de agradecimiento. Quiero probar que este país puede ser mucho mejor cuando tenga un Gobierno que no mienta en Twitter como hace (Jair) Bolsonaro", manifestó.

Bolsonaro, quien acostumbra a atacar al PT y a la izquierda en sus discursos, se mantuvo en silencio sobre la decisión del Supremo y, en uno de sus discursos, se limitó a ensalzar la labor de Moro.

"Si no fuese por la misión del ministro, no estaría aquí", afirmó este viernes el presidente brasileño, líder de la ultraderecha en Brasil y quien venció las elecciones de octubre frente al delfín político de Lula, Fernando Haddad.

Quienes sí criticó sin ambages la decisión fue su hijo Eduardo Bolsonaro, el diputado más votado de Brasil.

"Sueltan a bandidos y desarman al ciudadano. Pobre brasileño...", declaró.

DE VUELTA A SU CUNA POLÍTICA

El antiguo líder sindical tiene previsto reunirse este sábado con sus correligionarios en el sindicato de los metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, en Sao Paulo, su cuna política y donde pasó sus últimas horas atrincherado antes de ingresar en prisión hace 1 año y 7 meses.

Aquel 7 de abril de 2018, Lula dejó el sindicato cargado en hombros por una multitud y aterrizó en helicóptero en la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde comenzó a cumplir una pena de 8 años y 10 meses de prisión en una sala de 15 metros cuadrados.

Esta condena fue ratificada en tres instancias diferentes, por corrupción pasiva y blanqueo de capitales, después de haber sido hallado culpable de recibir un apartamento en el balneario paulista de Guarujá a cambio de favores políticos a la constructora OAS.

Ahora esperará en libertad hasta que agote todos los recursos disponibles en el sistema judicial brasileño, según decidió el Supremo en la víspera en una votación ajustadísima (6-5).

La máxima corte del país anuló su propia jurisprudencia, vigente desde 2016 y a través de la cual autorizó ejecutar una pena de prisión después de que esta se confirmara en segunda instancia y aún dos apelaciones pendientes en tribunales superiores.

Además de la condena por el conocido como 'caso triplex', tiene un rosario de procesos en la Justicia y contra él ya pesa otra pena a otros 12 años y 11 meses de cárcel en un caso muy similar, pero dictada hasta ahora en primera instancia y aún no confirmada en la segunda.

A la espera de las próximas decisiones judiciales, Lula ya ha comenzado a trazar su futuro. Tiene previsto casarse con su actual pareja, la socióloga Rosangela da Silva, y piensa recorrer Brasil.

"Mañana me encuentro en el sindicato y después las puertas de Brasil estarán abiertas para que lo pueda recorrer", adelantó.

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La excarcelación de Lula, un revés para el ministro más popular de Brasil

Sao Paulo, 8 nov (EFE).- Hoy titular de Justicia y ministro más popular de Brasil, Sérgio Moro digiere un duro revés después de ver este viernes en libertad al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), a quien había mandado a prisión en 2018 por corrupción en un episodio que conmocionó al país.

Moro, de 47 años, se había granjeado su fama de juez implacable desde que tomó el mando de los juicios de la operación "Lava Jato", que puso entre rejas a centenas de grandes empresarios y políticos, entre ellos Lula, uno de los jefes de Estado más carismáticos de Brasil.

Sin embargo, el Supremo de Brasil, la máxima instancia judicial del país, revocó este jueves la jurisprudencia de 2016, que autorizaba la ejecución de una pena después de que se confirmara en segunda instancia y que permitió que el líder progresista terminara en prisión.

"La decisión del Supremo debe ser respetada", sostuvo Moro en un comunicado emitido horas antes de que Lula dejase las dependencias de la Policía Federal de la ciudad de Curitiba en las que estuvo preso los últimos 580 días.

Pero el que fuera juez estrella de Brasil no se resignó a que las penas de cárcel se cumplan solo cuando se agoten todos los recursos.

"De todas formas, el Congreso puede modificar la Constitución o alterar la ley para permitir de nuevo la ejecución de pena de cárcel en segunda instancia", adujo.

El encarcelamiento de Lula por una sentencia de Moro, que condenaba en primera instancia al expresidente a 9 años y seis meses por corrupción pasiva y lavado de dinero por beneficios recibidos por una constructora, impulsó la carrera política del entonces juez. La pena fue reducida posteriormente a 8 años y 10 meses.

Una vez vencida la cita electoral de octubre de 2018, el ultraderechista Jair Bolsonaro le propuso el cargo de ministro de Justicia. Moro aceptó y abdicó de su carrera en la judicatura, al menos de momento.

En su primer discurso en libertad, el propio Lula, que responderá en libertad a nueve procesos en los que está implicado, se acordó del juez que le dejó entre rejas.

"Si tomamos a Dallagnol (otros de los jueces que lo procesó), Moro y otros inspectores y los metes dentro de un exprimidor, lo que sobra de ellos no es ni 10 % de la honestidad que yo represento en este país".

IMPARCIALIDAD CUESTIONADA

La salida de la cárcel de Lula no es el primer revés que sufre el ministro más popular de Brasil, quien supera en niveles de aceptación al propio Bolsonaro.

Unas filtraciones publicadas por la web de investigación The Intercept, del estadounidense Glenn Greenwald, pusieron en tela juicio la imparcialidad de Moro.

Los mensajes capturados del aplicativo Telegram insinúan que el entonces juez podría haber extralimitado sus competencias al orientar la investigación contra el expresidente. Los abogados de Lula han pedido la nulidad de las dos condenas firmes contra el político.

Moro también ha visto su peso político menguar a medida que la legislatura avanzaba. En menos de un año como ministro, su proyecto estrella, un plan contra la criminalidad, ha quedado en compás de espera ante la reticencia de muchos parlamentarios.

Bolsonaro, que hizo de la anticorrupción uno de los principales tema de su campaña victoriosa, tampoco ha mostrado interés por acelerar ese proyecto que genera tantas suspicacias en la clase política.

REVÉS EN SU PROPIA CASA

La excarcelación del que fuera el jefe de Estado más popular de las últimas décadas en Brasil tuvo una gran dosis de simbolismo. Se produjo en Curitiba, donde Moro cimentó su carrera como juez y desde donde pilotó toda la operación "Lava Jato", la mayor investigación contra la corrupción en la historia del país.

En esta tranquila ciudad del sur de Brasil, Lula pasó entre barrotes 1 año y 7 meses hasta este viernes, cuando Moro vio salir entre vítores al preso más ilustre de la operación que le catapultó a la fama.

¿Qué supone la decisión del Supremo para la Lava Jato en Brasil?

Río de Janeiro, 8 nov (EFE).- La decisión de la Corte Suprema de acabar con la prisión de condenados en segunda instancia, con la que pueden quedar libres miles de presos, entre ellos el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, supone un duro golpe para la Lava Jato, la mayor investigación contra la corrupción en Brasil.

La Lava Jato fue conocida hace cinco años tras revelar cómo empresarios, políticos y directivos de la estatal petrolera Petrobras y otras empresas públicas desfalcaron las arcas de Brasil durante casi una década.

Su alcance traspasó incluso las fronteras de país, implicando a líderes de diversos países de Latinoamérica.

Una centena de políticos ha caído en las garras de la Lava Jato en Brasil, entre ellos, dos expresidentes: Lula da Silva (2003-2010), preso por corrupción y lavado de dinero desde abril de 2018, y Fernando Collor (1990-1992), enjuiciado tras haber sido acusado de recibir sobornos para facilitar contratos en una subsidiaria de Petrobras.

Ahora, los responsables de la Lava Jato temen que la decisión de la máxima corte del país pueda dejar impunes a varios de los acusados.

DECISIÓN DE LA CORTE ABRE PASO A LA IMPUNIDAD

Por eso el parecer de la Corte cayó como un balde agua fría para los integrantes de la Lava Jato, quienes señalaron que la decisión del Supremo debe respetarse pero expresaron su preocupación con el riesgo de que algunos de los casos queden en la impunidad por el número excesivo de recursos que permite la justicia de Brasil.

"La decisión de revertir la posibilidad de arresto en segunda instancia está en contradicción con el sentimiento de repudio a la impunidad y la lucha contra corrupción, las prioridades del país", señalaron los fiscales de la Lava Jato en un comunicado divulgado en la noche del jueves tras conocer la decisión de la Corte.

"La existencia de cuatro instancias de juicio, propias de Brasil, asociadas con el número excesivo de apelaciones que superan el centenar en algunos casos penales, resulta en demoras y prescripción, lo que lleva a la impunidad", agregaron.

El exjuez y actual ministro de Justicia, Sergio Moro, quien coordinó los casos de la Lava Jato desde sus orígenes y que se hizo famoso a nivel mundial por poner tras las rejas a Lula, aún no se ha manifestado por la decisión del Supremo, pero en varias oportunidades ha defendido públicamente la prisión en segunda instancia.

Al igual que el equipo de la Lava Jato, el ministro ha asegurado que el sistema de recursos que permite la legislación brasileña "favorece la impunidad".

La Corte Suprema de Justicia decidió el jueves que la prisión de una persona condenada solamente en segunda instancia es inconstitucional, lo que puede llevar a liberar a miles de presos, entre ellos al expresidente Lula.

La decisión, adoptada por un ajustado resultado de 6 votos frente a 5, fue la conclusión de un complejo juicio en el que el tribunal alteró finalmente una jurisprudencia establecida en 2016, según la cual un condenado en segunda instancia ya podía ingresar a prisión, aún con apelaciones pendientes en otros dos tribunales superiores.

Sin embargo, según se decidió el jueves, una pena de prisión solo podrá ejecutarse cuando acabe todo el proceso de apelaciones.

LIBERTAD DE LULA: EL MAYOR GOLPE PARA LA LAVA JATO

Entre los presos políticos por corrupción, conocidos popularmente como delincuentes de "cuello blanco", y que fueron puestos tras las rejas por la Lava Jato, hay al menos 38 condenados que pueden quedar en libertad con la decisión del Supremo, entre ellos Lula da Silva.

Algunos de los hombres mas cercanos de Lula también están entre los políticos condenados por la Lava Jato, como el exministro José Dirceu, quien podría verse beneficiado por la medida del Supremo.

Otros, como el expresidente de la Cámara de los Diputados Eduardo Cunha, uno de los impulsores del juicio que destituyó a la expresidenta Dilma Rousseff, y el exgobernador de Río de Janeiro Sergio Cabral, cumplen prisión preventiva, por lo que inicialmente seguirían entre rejas.

Lula, el caso más célebre de los cerca de 5.000 presos brasileños que serían beneficiados, comenzó a cumplir en abril de 2018 una pena de ocho años y diez meses por corrupción tras ser condenado en segunda instancia, acusado de recibir a manera de soborno un apartamento de la constructora OAS a cambio de beneficios para la adjudicación de contratos con la petrolera Petrobras.

La sentencia fue confirmada luego en una tercera instancia, pero aún le resta una apelación ante la Corte, que ya presentó, pero sobre la cual el Supremo todavía no se ha pronunciado.

En este sentido, la operación que se hizo famosa internacionalmente por revelar el mayor caso de corrupción en la historia de Brasil, señaló que "reconociendo que la decisión afectará los resultados de su trabajo, el grupo de trabajo expresa su compromiso de continuar buscando justicia donde actúa".

María Angélica Troncoso

USA News